El mapa de los resultados electorales pone en evidencia que la “clase media”, que en 2018 confió en el proyecto de AMLO, en 2021 se encuentra decepcionada ante la falta de resultados.
Francisco Rivas     @frarivasCoL     jue 24 junio 2021 12:02 AM
(Obligatorio)
El presidente criticó el aspiracionismo de la clase media. (Foto: Presidencia)
El proceso electoral 2021 ha terminado, la elección más grande de la última década con más de 20 mil cargos en disputa.

En término de resultados el partido que logró la mayor cantidad de cargos es Morena, partido del presidente López, quien con sus aliados conquistó 11 de las 15 gubernaturas –algunas de las cuales se encuentran impugnadas–; la mayoría de curules en el Congreso; el control de 10 congresos locales y una gran porción de las presidencias municipales del país. Un resultado que debería ser recibido como un éxito, puso de muy mal humor al presidente.

Si bien el discurso pronunciado en la mañanera por el titular del ejecutivo intentó transmitir confianza y satisfacción, la manera en la que por días el presidente se lanzó contra los electores que no votaron por él, pone en manifiesto su mal humor.

La pérdida de la mayoría calificada en la cámara baja, gobernar sólo 7 de las 16 alcaldías de la Ciudad de México y soltar otras áreas urbanas, previamente conquistadas en 2018 –como el denominado “corredor azul” y otros importantes municipios del Estado de México o de la zona metropolitana de Monterrey–, transformaron la victoria en un mal sabor de boca para López.

Como ya es costumbre, cuando el presidente se enoja arremete contra un adversario real o imaginario, es así que encuentra en la clase media mexicana un enemigo que tilda de egoísta al votar por otros partidos y darle la espalda a su proyecto de gobierno.

La crítica, apostrofada con el neologismo “aspiracionista”, incluye conductas que a decir de López son indeseables: la clase media es egoísta porque se para a trabajar porque quiere mejorar su situación socioeconómica y educativa para vivir mejor.

¿Por qué el presidente se pelea con la clase media si, según el INEGI, representa el 42% de la población? Probablemente hay una parte visceral y otra de estrategia para hacerlo.

La parte racional y estratégica le apuesta a dividir y conquistar, a reconocer a sus votantes y apapachar con palabras a un grupo social que, en los hechos, no ha visto mejorar su vida.

El mapa de los resultados electorales pone en evidencia que la “clase media” –o lo que el presidente entienda con ello– que en 2018 confió en su proyecto, en 2021 se encuentra decepcionada ante la falta de resultados y por ello lo sancionó en la urnas; mientras que las clientelas creadas por los programas sociales, las poblaciones históricamente olvidadas, los sectores sociales más desfavorecidos, mantuvieron un apoyo incondicional a López y a Morena.

Para la “clase media” pesaron las peores crisis de violencia, de impunidad, sanitaria, económica y laboral de la historia; la creciente corrupción y violencia política, así como la menor capacidad institucional y los ataques del presidente a libertad de expresión.

La clase media aspiracionista ve en la ausencia de resultados una señal de alarma que impulsa a buscar un cambio.

En contraste, el pueblo “bueno y sabio” –como lo define el presidente– mantiene su respaldo a un gobierno que les otorga transferencias económicas directas. Para los electores de Morena ni la caída de un tramo de la Línea 12 del Metro en la capital, el aumento en el desempleo, la falta de medicinas e insumos médicos en hospitales, el aumento de los delitos, la falta de acceso a la justicia y la militarización de la seguridad no son factores relevantes que lleven a sancionar en urnas a López o a su proyecto.

Por ejemplo, según los perfiles victimológicos, la clase económica con menores ingresos son las más propensas a ser víctimas de los delitos más comunes como son los robos. Delitos que en los primeros cuatro meses de este año corresponden a 25,030 carpetas de investigación por robo a casa habitación; 35,609 por robo a negocio; 6,099 por robo en trasporte público y 41,229 por robo a transeúnte.

Además, a estos datos debemos agregar que más del 90% de los delitos no se investiga, que en menos del 1% de los casos investigados se sanciona al delincuente y se obtiene alguna reparación del daño y que precisamente para el ciudadano el no recuperar sus bienes es el mayor daño.

De igual forma, las mayores violaciones a derechos humanos y las víctimas de desaparición forzada -delitos que en esta administración han crecido de manera exponencial- se encuentran en las comunidades y los sectores económicos más marginados.

Por todo ello el presidente se encuentra enojado y se siente traicionado, sin la mayoría calificada en el Congreso y con señales como las que manda la Ciudad de México, el Estado de México o Nuevo León, es evidente que su proyecto se encuentra en riesgo.

¿Qué sigue? Probablemente, este resultado político impulse a este gobierno a radicalizarse, más que asumir sus fallas y corregirlas. Seguirá impulsando la militarización de la seguridad pese al aumento de violaciones a derechos humanos; mantendrá los recortes presupuestales a áreas relevantes del Estado como seguridad y salud con tal de obtener los recursos para los programas de transferencia económica directa; sostendrá sus argumentos en contra de adversarios políticos o todo aquel que manifiesta dudas o críticas al actuar de esta administración.

Los próximos tres años son fundamentales para el país. A partir de lo aprendido en este sexenio, ¿los votantes haremos un ejercicio más consciente y menos visceral a la hora de emitir el sufragio a diferencia de lo sucedido en 2018? ¿Los futuros candidatos estarán preparados para gobernar y desarrollar planes y estrategias viables y sustentadas en datos o seguirán bailando y cantando para convencer al electorado? ¿Los ciudadanos nos quedaremos satisfechos con los resultados de esta administración y le confiaremos seis años más a Morena o buscaremos alternativas?

En tres años mucho puede suceder, lo cierto es que debemos agradecer a la clase media aspiracionista por lo que hizo y hace día con día: no sólo es el motor económico, social y cultural del país, sino con su voto de sanción al presidente creó contrapesos perdidos, impulsó a la acción a la oposición y demostró que nadie es invencible, ni siquiera el poderosísimo presidente López, que hoy se encuentra tan enojado con la clase media.

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